Algunos que fueron evacuados recuerdan los bombardeos de las Fuerzas Armadas de Rusia que cimbraron sus casas y los despertaron en medio de la noche.

Enclavado en la llanura de Rumania, muy cerca de la frontera con Ucrania, y que ha visto pasar desde viejos monasterios medievales hasta la caída de la Unión soviética, Suaceava, desde el fin de semana pasado es el refugio de los mexicanos que vienen huyendo de la invasión rusa.

Algunos recuerdan con horror los bombardeos de las Fuerzas Armadas de Rusia que cimbraron sus casas y los despertaron en medio de la noche con explosiones y temor.

“(El presidente, Vladimir Putin) mientras dormíamos nos atacó, mis niños, mis estudiantes, están en búnkeres ahora, mis mejores amigas estén en búnkeres ahora, sin voz, sin que nadie les escuche.

Le pido a América Latina y a México que, por favor, no crean en la propaganda rusa”, dice Rosalía Tovar una joven profesora de español, originaria de León, Guanajuato, que baja de improviso a la zona donde se permite que la prensa conozca la intimidad del refugio mexicano en Rumania.

Es un modesto hotel con una fachada de madera se encuentran alojados los 26 mexicanos que ya han logrado cruzar la frontera junto a sus familias para ponerse a salvo de los ataques que Rusia ha emprendido en contra de Ucrania, y que ahora, los obliga a regresar a México.

Rosalía ha preparado recortado papel lustre, azul y amarillo, para representar una bandera de Ucrania y ha escrito consignas en contra del gobierno ruso en hojas de papel. “Esta es la bandera del país que me ha dado todo por 10 años, me dio casa, me dio trabajo, me dio todo.

Me dio mis mejores amigos, me dio mi escuela, me dio a mis estudiantes. (Vladimir) Putin no vino a liberar a nadie, porque no necesitábamos ser liberados”, recuerda ante las cámaras con la voz entrecortada más que por nostalgia con mucho enojo.

Asegura que Ucrania necesita de ayuda internacional, especialmente de víveres. Después regresa al enojo, describe los bombardeos que ha sufrido Kiev a manos de las fuerzas rusas.

“Mi Kiev, que ahora es bombardeado, no sé si mi casa sigue en pie. Salí el 16 en la evacuación de la embajada”, hace conteniendo las emociones que le siguen haciendo hablar con la voz entrecortada.

Antes de que Rosalía bajara intempestivamente de la zona de habitaciones destinada para los mexicanos refugiados en Suaceava, otra mexicana, Ivvete Rossano contaba la travesía que fue llegar por su propia cuenta hasta la frontera con Rumania.

Lo hacía mientras cargaba en brazos a su perra salchicha, Ramona, que temblaba de nervios frente a las cámaras. “Todo el trayecto está lleno de complicaciones, primero, no tenemos un carro, después, conseguimos un carro que es rentado que terminamos abandonándolo ahí, a un lado de la frontera. Todavía no sé ni cómo se va a pagar eso, ni qué sucede con eso.

Después, tienes el tema de la gasolina, que no hay gasolina, entonces por ejemplo el primer día avanzamos 700 kilómetros en todo un día porque es un estacionamiento la carretera, somos miles de personas las que queremos salir”, relata.

Detalla que, los que intentan salir por su propia cuenta desde Ucrania se encuentran con una serie de obstáculos como la falta de combustible y el toque de queda impuesto por el gobierno ucraniano. “No hay gasolina.

Entonces, hay que buscar dónde surtir gasolina, pero no hay gasolina y cuando encuentras una gasolinera son tres o cuatro horas de fila para que te den el máximo de 20 litros permitido por coche, y avanzas otro tramito, y así empieza el toque de queda”, explica.