En enero pasado, el Noroeste de Sinaloa publicó un reportaje de tres partes que revelaba una nueva tendencia en aquel estado que bien podría estarse repitiendo en otras partes del país azotadas por la violencia.

Descubrieron que desde 2018 había dos cifras de denuncias que por primera vez estaban teniendo comportamientos inéditos: “El número de denuncias ante el Ministerio Público por desaparición de personas superó a las de homicidio doloso”.

Va un ejemplo: “De enero a agosto de 2021, hubo 1.79 homicidios y 3.03 desaparecidos diarios en el estado, siendo este el peor contraste anual entre ambos delitos, pues los desaparecidos son 69 por ciento más que los homicidios. Esto, de acuerdo con datos de la solicitud de información 1058421 realizada en septiembre de 2021 por Noroeste y resuelta vía recurso de revisión hasta el 17 de diciembre del mismo año.

Datos que no consideran la cifra negra que se da con las desapariciones”. En una de las partes del reportaje, el reportero José Abraham entrevista a un profesor colombiano de la Universidad de Yale que le cuenta cuando en un momento de crisis de violencia en Medellín, Colombia, la delincuencia organizada comenzó a desaparecer o mover cadáveres de lugar para que una plaza no estuviera “tan caliente”.

Pero no solo eso, sin cuerpo no hay delito. Como se llama el reportaje. Llevamos muchos años midiendo la violencia con base en homicidios, entre otras cosas porque es el delito en el cual la cifra negra es muy pequeña. No es lo mismo con las desapariciones en un país con cifras bajísimas de denuncia.

Regresé a aquel reportaje después de leer la primera información oficial de la fiscalía michoacana, después de la aparición de varios videos de lo que, todo indica, fue una masacre bestial en San José de Gracia, Michoacán, y en el que se señalaba que no se habían encontrado cuerpos.

Ayer a mediodía el presidente municipal le dijo a mi compañero Carlos Zúñiga que habían tenido reportes de lo sucedido, pero que cuando las autoridades llegaron al lugar no había cuerpos aunque sí casquillos y artículos con los que se había limpiado el lugar.

Habría que investigar si el aumento de desaparecidos de los últimos años y algunos descensos en el número de homicidios pudieran tener que ver con una nueva estrategia del crimen. El problema es que este tipo de desapariciones beneficia a criminales —enfrían plazas— y a autoridades —que presumen reducción de homicidios—.