Es la primera ciudad importante que quedó en manos de las fuerzas. Los ciudadanos ucranianos enfrentaron armados solo con banderas nacionales a los soldados ocupantes

“¡Gloria a los héroes de Jerson!!!”, grita el hombre con dos banderas ucranianas en la mano. Se nota la tensión que hay en ese momento en la plaza de Sbovoda en el centro histórico de la ciudad. Cuando la imagen se corre hacia la derecha, como en toda buena película de suspenso, aparece la amenaza. Tres tanques rusos apuntando hacia el hombre y un grupo de soldados de las unidades de elite del FSB observándolo como quien mira a un loco. La escena está en Telegram y en Twitter. Muestra el heroísmo de los ucranianos que se están enfrentando a las fuerzas de ocupación sin más armas que esas banderas celestes y amarillas. Esta vez, en la histórica ciudad de Jerson.

Había caído Jerson (también llamada Kherson), una ciudad de 300.000 habitantes en la margen del río Dnieper en la salida sobre el Mar Negro. Un puerto estratégico que querían dominar los rusos desde que comenzó la guerra una semana atrás. El objetivo es unir los dos territorios que ya controlan desde 2014, el de la península de Crimea con la autodenominada República Popular de Donetsk, el enclave separatista de los ucranianos pro-rusos en la región del Donbás.

El alcalde de Jerson, Igor Kolykhaev, confirmó la caída de su ciudad a la televisión estatal ucraniana. “Esperábamos por un milagro, pero no se produjo. Luchamos hasta donde pudimos. Tenemos muchos muertos y heridos. Ahora estamos en manos de los rusos”, dijo en forma lacónica en una comunicación entrecortada por las emisiones de frecuencias de los militares rusos. Las tropas ucranianas que mantuvieron la defensa de la ciudad hasta la mañana del miércoles se replegaron a un pueblo al noroeste, pero los rusos le vienen pisando los talones y están haciendo un movimiento de pinza que va desde Odessa al puerto de Mariupol, sobre el mar de Azov, que le permitiría asegurarse esa costa y la del Mar negro para dejar al resto del territorio ucraniano sin salida al mar.

Jerson fue la primera ciudad del denominado Proyecto Griego para “celebrar la grandeza” de Catalina, La Grande, y el imperio ruso. La diseñó el príncipe Grigory Aleksandrovich Potemkin-Tauricheski, líder militar y favorito de la reina. Transcurría el 1778 y Potemkin (el noble que dio nombre al famoso acorazado de la histórica película soviética) quería impresionar a la monarca. Cuando bajó del barco que la había traído por el río Dníeper, Catalina II pudo ver un espléndido paseo que subía las barrancas hacía lo que sería el corazón de la ciudad. Era un engaño. Potemkin había hecho construir una escenografía que simulaba un largo corredor entre árboles. Lo único auténtico eran las campesinas que había traído de todas las villas cercanas para que vivaran a Catalina.

Durante la Segunda Guerra Mundial, la ciudad fue duramente golpeada y estuvo bajo el mando del Tercer Reich desde el 19 de agosto de 1941 y el 13 de marzo de 1944. El 29% de la población era denominada como Yiddish, judíos, y fueron diezmados, enviados a los campos de concentración en Polonia.

La ciudad estuvo bajo la mira de Putin desde que en 2014 sus fuerzas invadieron Crimea. Por allí pasa el Canal de Crimea del Norte que abastece de agua potable a la provincia y había sido cerrado por el gobierno ucraniano. Ayer, la televisión estatal rusa y todos los canales privados que propalan la propaganda del Kremlin batieron el parche con el hecho de que se había restaurado el suministro. “Una conquista histórica”, decían.

El último combate antes de que llegaran los tanques lo protagonizaron un grupo de paramilitares ucranianos que integran la denominada Tercera Fuerza, los milicianos que se enfrentaron en los últimos ocho años a los separatistas pro-rusos del Donetsk. Estaban defendiendo la entrada a la ciudad por la autopista P-47. Hubo un intenso intercambio de disparos mientras los misiles lanzados por las baterías rusas pasaban por encima de sus cabezas e impactaban en el centro de la ciudad. Una hora más tarde, de acuerdo a los testimonios publicados en las redes sociales, aparecieron los tanques y los carros de asalto rusos con la letra “Z” pintada en blanco en los costados. Es la marca que distingue a los vehículos rusos para no confundirlos con los ucranianos que son del mismo origen y, por lo tanto, exactamente iguales.

Unos 15 milicianos lograron huir hacia Selishche, un distrito que todavía estaba en manos ucranianas pero que capituló poco más tarde, de acuerdo al testimonio de Robert Cooper, corresponsal del Daily Beast. Mientras que en el Suvorov Raion, en el centro de la ciudad, ya estaban llegando otras unidades de tanques rusos. Y grupos de soldados de la infantería rusa ya estaban apostados en las principales calles y avenidas. Otros, de las fuerzas especiales entraban a la alcaldía. En uno de los videos, se ve primero a un soldado ruso alejándose del edificio del gobierno provincial con una bandera ucraniana enrollada. Cuatro personas vestidas de civil se acercan a él. Se enfrentan a los gritos, ocultos a la vista por la vegetación. El soldado parece retroceder y los civiles despliegan entonces tres banderas ucranianas y las agitan. “¡Gloria a los héroes de Ucrania!”, grita la persona que graba. Según el pie de foto del vídeo, los civiles robaron las banderas a los soldados rusos en un extraordinario acto de desafío a la invasión rusa.

En el distrito de Dnipro Raion, que comprende los barrios más cercanos al río Dníper, las fuerzas armadas rusas habían tomado el control el martes por la noche. Una foto mostraba unos 15 vehículos blindados frente al edificio de la administración regional. En la parte superior izquierda de la imagen, tomada por una cámara de vigilancia, se puede ver la fecha y la hora: 2 de marzo a las 2:15 de la madrugada. El video fue publicado en Telegram. Las ciudades no pasan de manos de un momento al otro en todo su territorio. Mientras algunos barrios están dominados por el bando invasor, otros siguen en manos de la defensa y la situación se puede mantener por meses. Es la característica de la guerra urbana. En Beirut, por ejemplo, me contaban entre risas algunos veteranos cómo se gritaban de uno al otro lado de las barricadas y hasta se contaban lo que habían hecho en el día. Hay testimonios de soldados de bandos enfrentados que tras la guerra se volvieron a encontrar y contar anécdotas. Ocurrió entre los veteranos de Malvinas británicos y argentinos.

El jefe de la administración regional de Jerson, Gennady Laguta, anunció a las 9 de la mañana del miércoles que la ciudad estaba “completamente acordonada por el enemigo”. Aunque el alcalde Kolykaev escribió unas horas más tarde en Facebook que la ciudad seguía siendo ucraniana. Era un intento del funcionario local de no desmoralizar a los que todavía combatían en la autopista. Un intento inútil. Ya estaba todo jugado. La ciudad volvía a ser de los descendientes del Imperio de Catalina la Grande. Claro que los muertos esparcidos por la calle y la destrucción de los históricos edificios de la plaza central eran imposibles de ocultar bajo una escenografía mentirosa como lo había hecho Potemkin.