La mexicana vive en la ciudad de Zhytomyr, ubicada a 130 kilómetros de la capital de Kiev, y que ha sido bombardeada tres veces desde que empezó el conflicto con Rusia.

La veracruzana Karina Velasco Guzmán vive en Zhytomyr, ciudad ucraniana que ha sido bombardeada por lo menos tres veces desde que inició la invasión rusa a ese país.

Pese al riesgo, ella decidió no huir. Las razones: su hogar y su familia. Convencida de su decisión, sólo le queda confiar en que los bombardeos y el avance de las tropas rusas no la separen de su esposo e hija de siete meses, ambos de nacionalidad ucraniana. “Éste es mi hogar ahora”, afirma Karina, doctora en investigaciones cerebrales que desde hace un año y cuatro meses vive en Ucrania.

“No reniego a mi país, amo a mi país… Pero no me puedo ir porque no quiero. Además, aunque quisiera, la situación está muy complicada”, explica en entrevista con Milenio. Zhytomyr, la ciudad donde vive, se ubica a sólo 130 kilómetros de la capital Kiev y a unas cuantas horas de la frontera con Bielorrusia, país aliado de Moscú. Ahí, Karina ha contabilizado tres bombardeos, el más reciente el pasado 1 de marzo.

“La bomba que cayó, el misil que cayó, cayó a escasos dos metros del departamento donde vivo. Sentimos la vibración del edificio, como si fuera un temblor. Pude haber sido yo, pudo haber sido mi hija”, relata.

Al menos cuatro personas fallecieron, según un mensaje publicado en Telegram por Anton Gerashchenko, asesor del ministro del Interior de Ucrania.

“La situación se agrava cada vez más. Estamos luchando, estamos tristes, estamos enojados, pero después de todas esas emociones, seguimos fuertes y tenemos más razones para seguir de pie”, asegura. La embajada de México en Ucrania logró repatriar ya a 44 connacionales a bordo de un avión de la Fuerza Aérea Mexicana que este 3 de marzo salió de Rumania rumbo a la Ciudad de México.

Karina pudo venir en ese vuelo, pero desistió de todas las alertas y ofertas del personal diplomático en Ucrania. “Yo no estoy pidiendo ayuda económica, yo no me estoy haciendo la víctima. Yo solamente estoy compartiendo que hoy estoy viva y mañana no sé”. La Ley Marcial que el presidente Volodimyr Zelenski impuso el pasado 24 de febrero previene a cualquier ucraniano varón de entre 16 y 60 años de cruzar la frontera, pues su servicio militar es requerido. Su esposo entra en este grupo. Sin él, ella y su hija no se irán.

La invasión rusa trastocó la normalidad en la que Karina vivía con su familia en Ucrania, lugar a donde se mudó hace un año y cuatro meses tras contraer matrimonio. Ahora, las calles de Zhytomyr están vacías, cada vez hay menos presencia de mujeres y niños y los víveres en supermercados escasean cada vez más.

“Otros colegas mexicanos, algunos amigos, están casados con ucranianas y no pueden llevárselas porque dejarían aquí a sus esposas, a sus papás, a sus hermanos, a toda la familia. Y yo no voy a alejar a mi nena de siete meses de su papá”, afirma. Aunque familiares y amigos en México han expresado su solidaridad e incluso le han abierto las puertas de su casa por si decide regresar, Karina critica la actitud de ciertos paisanos que la juzgan por decidir permanecer en Ucrania. “La frialdad de decir, ‘pues quédate allá.

Total, aquí en México hay balazos’… Se supone que el orgullo mexicano es donde esté él mexicanos es México,pues entonces aquí hay un pedacito de México,” asevera. “Lo que pido es empatía. Yo no estoy pidiendo que me rescaten”.