Las acusaron de brujas y problemáticas, las amenazaron con asesinarlas juntas en la plaza del pueblo. Nada las detuvo. Nueve mujeres nahuas lograron romper con los usos y costumbres de su pueblo.

Llegar a Ocotequila es como aterrizar de una máquina del tiempo. No nada más por la odisea que implica el viaje a La Montaña Alta de Guerrero, sino porque aquí las mujeres estaban obligadas a vivir con 70 años de retraso: sin derecho a votar, valiendo menos que los hombres y con el amago de incluso, ser asesinadas si se atrevían a insistir en cambiar el molde.

Este 13 de febrero, en pleno 2022,las mujeres de esta comunidad nahua recrearon aquel 3 de julio de 1955 cuando en México, por primera vez, las mujeres pudieron ejercer su derecho al voto pese a las resistencias y miradas de rechazo.

Antonia Ramírez Marcelino, una mujer nahua de 33 años, consejera honoraria del Instituto Nacional Electoral y reportera de oficio, fue la primera en atreverse a cuestionar las reglas de los usos y costumbres de su comunidad, impuestas por los hombres para colocar los derechos políticos y electorales como privilegios exclusivos para ellos.

Como en la historia de cualquier revolución, Antonia comenzó a correr la voz y logró sumar a ocho mujeres de su familia y cercanas. Como en aquellas conspiraciones que se leen en los libros de primaria cuando el país buscaba libertad, se reunían entre el miedo, la incertidumbre y la permanente duda de si hacían lo correcto.

Las acusaron de brujas, de revoltosas y problemáticas, recibían llamadas en las que les advertían que no fueran a votar, corrían rumores de que atentarían contra ellas cuando transitaran solas y hasta amenazaron con asesinarlas juntas en la plaza principal del pueblo.

Nada las detuvo. En medio del rezago, la pobreza, la falta de estudios y de apoyo, en la sierra de Guerrero nueve mujeres indígenas encabezaron la más reciente revolución feminista.

Las acusaron de problemáticas… llegaron a los tribunales “Antes, cuando mi marido solito pues se va para votar y yo no, con mujeres no, puro hombres, pero yo pensaste ¿pero por qué diosito? ¿Pero por qué? Cuando vaya para votar no quieren los señores, no quieren ¡no, para mujeres no, a de otro año!, pero de otro año a lo mejor ya morí yo y ya no votar pues, ¡mejor rápido!”, cuenta Juana Marcelino Pantoja de 74 años, madre de Antonia a quien no le hace falta dominar a la perfección el español para dejar claro el hartazgo que venían cargando de toda la vida.

La idea de pedir formalmente que las dejaran votar comenzó hace tres años, recuerda Guadalupe de 56 años, tía de Antonia, quien después de ser vendida a la edad de 14 por 300 pesos y enfrentar violencia doméstica y pobreza extrema a causa del alcoholismo de su esposo, decidió separarse y poner sus propias reglas. Desde entonces, es conocida en el pueblo por su fuerza para exigir lo que le corresponde y estaba decidida a que ningún hombre le volviera a decir que no.

“Ya estábamos hartas de que solamente los señores y solamente los señores. Siempre nos hacen enojar para estas fechas porque nada más nos enteramos ‘que ya ganó partido priista’. Esos señores yo los llamo ‘los troncos’, líderes priistas de mucho tiempo.

Entonces le dije a Antonia que este año sí había que prevenirnos”. Estas mujeres se sumaron a Morena buscando un cambio, pero tampoco recibieron apoyo, fueron con los líderes del partido y les pidieron que las ayudaran a votar, pero igual que los priistas, las rechazaron, así que se presentaron el día de la votación.

“Mi papá me decía ‘se van a burlar de ustedes porque son mujeres, ¡qué van a ir a hacer allá!’. Y sí nos tomaron como burla, que no teníamos nada qué hacer en la casa, por eso andamos ahí, que nadie nos manda”, dice Magdalena de 35 años, prima de Antonia, mientras vigila el pollo de corral que acaba de desplumar y que se prepara entre las piedras y leña para convertirse en “caldo de rancho”.

En la comisaría pasó lo que ya sabían. Les negaron el acceso. Los hombres votaron y la historia de las últimas décadas se repitió: un priista fue el ganador. Después de preguntar a varias mujeres del pueblo si estaban interesadas en votar, Antonia dio el siguiente paso, interpuso una impugnación ante el Tribunal Electoral de Estado de Guerrero el 10 de enero, en donde pidió superar los usos y costumbres que les impedían a las mujeres participar.

La magistrada Evelyn Rodríguez Xinol recibió el asunto y el 13 de febrero presentó un proyecto que fue respaldado por unanimidad de votos.

No sólo ordenó que las mujeres pudieran votar en las elecciones de usos y costumbres de Ocotequila, sino que anuló la elección para que se repitiera con la participación de las muere, impuso que las mujeres pudieran ser candidatas y obligó a que quienes se registran integraran la división de cargos locales con paridad para que la mitad de los espacios fueran para mujeres.

“Es la primera comunidad que tiene le valor de denunciar este tipo de arbitrariedades y violaciones de derechos humanos y tenemos que resarcir esos derechos, teníamos que garantizarles justicia.

Y no es motivo de agradecimiento es para nosotros un regalo, es simplemente hacerles justicia”, explicó en entrevista para MILENIO la magistrada.

Entre amenazas y engaños para desviar su decisión, las mujeres salieron a votar Antonia dejó su comunidad la noche previa a la votación por las amenazas que se intensificaron cuando el viernes decidió ejercer al máximo la sentencia y registrarse como la primera candidata en la historia de la comisaría de Ocotequila.

“Una persona me dijo ‘mira, ten cuidado porque escuché que te van a hacer algo en el camino’ y a otra compañera que recibió el volante de nuestra planilla, le hablaron por teléfono diciéndole que cuando nos concentramos, ahorita el día de la votación, van a ir y nos van a asesinar a todas por andar ahí haciendo cosas que no se deben de hacer aquí”.

El domingo a las 5:00 horas, el equipo de MILENIO la recogimos en una gasolinera de Tlapa. Subimos durante casi dos horas la montaña que incluye 13 kilómetros de terracería en un camino angosto de doble sentido, repleto de hoyos y piedras, y donde vacas, becerros y burros dificultaban aún más el camino. Ahora, su principal temor era que las mujeres no salieran a votar.

“A lo mejor podían decir ‘no vamos y que se vea que nada más es ella la que anda ahí alborotando, nosotras no estamos de acuerdo”. Las trabas comenzaron desde el primer minuto de la votación. Cuando llegó a registrar su planilla le dijeron que debía llevarla anotada en una cartulina, su comadre fue a conseguir una y eso retrasó unos minutos la jornada prevista para iniciar a las 8:00 horas.

“Tanto para eso”, “Ya mejor empecemos de una vez”, murmuraban los priistas y morenistas hasta que Antonia los encaró y exigió paciencia. Registró su planilla, designó a la primera escrutadora en la historia, se instalaron en una silla para vigilar que respetaran el voto y las mujeres comenzaron a pasar para decidir.

Amamantando, con niños colgando de un rebozo, detrás de sus esposos o acompañas de sus hijas… decenas de mujeres asistieron a experimentar el sufragio local, mientras los rumores de violencia persistían: “Decía una señora ‘pobres mujeres, porque van a ir a votar, capaz de que vengan y las maten ahí’.

Tenía yo miedo, decía ‘¿será verdad que nos maten?”, cuenta Carmen de 54 años, quien se atrevió a seguir a sus vecinas para saber qué se sentía decidir en su comunidad. Guadalupe, tía de Antonia se aferraba a que ninguna perdiera la fuerza, así tuviera que recurrir a las risas para disimular el temor: “que va a llegar un grupo de malvivientes y ahí nos van a agarrar la balacera, pues no tengan miedo, vamos, ni modo que si viene la balacera no te escondas, pues nos vamos a esconder por ahí, le digo yo en mi relajo.

“Pero ni te imagines que va a pasar algo, ni lo pienses, no tengas en miente eso, eso no va a pasar y en caso de que llegara a pasar, al menos vamos a quedar en la lucha. A mí no me agarraron ahí haciendo otro tipo de maldad, lo que nosotras estamos haciendo es nuestro derecho a votar.

No estoy cometiendo delito, estoy buscando justicia. No tengan miedo porque ya se supo todo”, dice segura de sí misma.

Antonia pidió seguridad al gobierno del Estado “pero no para mí, sino para garantizar que las mujeres pudieran venir porque si ven la policía pensarán ‘no me va a pasar nada si voy”, aunque los elementos llegaron hasta la mitad de la jornada de la votación. El proceso se dio sin altercados aunque sí con muchos engaños. Morena les hizo creer que como su familia era del partido, estaban con ellos y su voto era para ella.

“Ya voté por ti”, le decían varias a Antonia, “no votaste por mí, votaste por Morena, pero no le hace, lo importante es que viniste”, les decía para animarlas ante el engaño.

MILENIO recabó varios testimonios que coincidían en que en las horas previas de la votación y durante el proceso, los líderes del PRI les recordaron que el presidente municipal de Copanatoyac, el priista Eleuterio Reyes Calleja, sabría quiénes los apoyaron y retiraría apoyos.

Mientras que los de Morena amagaron con pedir que les retiraran los apoyos del campo, de personas con discapacidad y de la tercera edad que brinda el gobierno federal.

Pese a todo, los resultados arrojaron el voto de 504 mujeres por encima de los 312 de los hombres, lo que demostró que siempre quisieron participar.

No hubo comisaria en Ocotequila y quizá falta mucho tiempo para que la haya, pero nadie quita la sonrisa de las mujeres que lograron esta victoria, que escuchan a tantas contar el día que lograron participar y ven a sus madres alcanzar el sueño que creyeron imposible. “Y ya, después de pasado, pasado de comisarios puro hombre yo votar.