Desde hace años, Gil lo sabe, habita un mundo alucinado. El Presidente le pide, le exige, precisamente al instituto dedicado a la protección de datos personales, el INAI, que le informe de los ingresos de Carlos Loret de Mola.

¿Estamos locos? En una carta a la comisionada presidente del INAI, Blanca Lilia Ibarra, el Presidente advirtió que “los beneficiarios de la política de pillaje están molestos”. Gamés lo leyó en su periódico La Jornada en una nota de Fabiola Martínez Ángeles Cruz.

El Presidente está hecho un basilisco y no hay que ser un reputado psicoanalista para saber las fibras que ha tocado la exhibición de la vida de su hijo José Ramón López Beltrán en Houston en la personalidad de Andrés Manuel Liópez Obrador: “En consecuencia, como ciudadano y Presidente de la República, les solicito que se lleve a cabo una investigación para hacer públicas las percepciones, los bienes y el origen de la riqueza que posee el señor Carlos Loret de Mola”.

Y luego le da instrucciones a la comisionada presidenta del INAI: “esa información seguramente la podrán obtener en el Registro Público de la Propiedad y Comercio, en el Servicio de Administración Tributaria o en la Unidad de Inteligencia Financiera”.

¿Cómo la ven? Dicho sea esto sin la menor intención de un albur tributario. Desde luego, el Presidente ya había criticado a la “prensa mercenaria, golpeadores, integrantes de una élite y enviados por la mafia del poder político y económico” para sabotear su gobierno, “por lo que podrían ser traidores a la patria”. Hasta la cocina. Total que según el Presidente se ha desatado una guerra sucia, calumnias de Loret de Mola “y otros beneficiarios de la política de pillaje”. No sobra decir, por si hiciera falta, que el INAI es un organismo autónomo.

Crea enemigos Bofetadas, empellones, insultos, difamaciones, leyes pisoteadas, furia, la cólera del pélida, o como se diga. Gil no pudo dejar de pensar en una de las características que los estudiosos del populismo destacan: crea, inventa, fabrica enemigos que te ataquen, aíslate y denuncia conspiraciones.

En esto el presidente actúa by de book. Gilga lo leyó en su periódico El Universal en una entrevista de Antonio López. Unas horas después del chubasco, la presidenta del Consejo Consultivo del INAI, Nuhad Ponce Kuri, dijo: “El INAI no es la institución a la que haya que requerirle la información de un particular, no importa quién la solicite, porque no está dentro del marco regulatorio (…) Existen dos normativas de protección de datos: la que es para particulares y la que es para sujetos obligados. El INAI tiene la obligación de transparentar cuando se está hablando de un ente público, pero cuando se trata de un privado no se debe publicar la información”.

Populismo Gil volvió a su manual Qué es el populismo, del escritor Jan-Werner Müller, y entre sus páginas encontró estas frases: “Los populistas siempre han sido los fieles comunicadores del pueblo real y han elaborado los términos del contrato, pero el hecho es que el mandato imperativo no ha venido del pueblo; sus instrucciones supuestamente detalladas están basadas en una interpretación de los políticos populistas. Los estudiosos de las ciencias políticas han sostenido desde hace mucho tiempo que la noción de una única ‘voluntad popular’ totalmente coherente es una fantasía y que nadie puede afirmar con credibilidad, que como solía decir Perón, el gobierno hace lo que el pueblo quiere. (… ) “Los populistas ponen a la gente pura e inocente, que siempre trabaja, en contra de una élite corrupta que no trabaja realmente (más allá de fomentar sus propios intereses) y, en el populismo de derecha, también están contra la parte más baja de la sociedad (aquellos que tampoco trabajan realmente y que, como parásitos, viven del trabajo de los otros).

Y sin embargo, podría objetarse lo siguiente: ¿no es cierto que los populistas exigen a menudo más referendos? Sí, pero debe quedar claro lo que un referendo significa realmente para los populistas.

No quieren que la gente participe continuamente en la política. Un referendo no busca detonar un proceso de deliberación abierto, entre verdaderos ciudadanos, para generar un rango de criterios populares bien pensados; más bien el referendo sirve para ratificar lo que, por tratarse de una cuestión de identidad, el líder populista ya ha discernido que es el genuino interés popular, y no para agregar intereses que puedan verificarse empíricamente”.