Estamos viviendo la vida política con el volumen muy alto. Hace mucho que no había diálogo —me refiero a uno en serio, donde se habla y sobre todo se escucha—, pero los monólogos no tenían el tono y el volumen que traen estos días. Parecen gritos. Ayer en la mañanera, por ejemplo, el Presidente la dedicó toda a hablar mal, con mentiras de por medio, de periodistas y medios.

Y ese tono lo han repetido los militantes de su partido, los gobernadores de su partido y los legisladores de su partido. Ahora, mención especial merecen los senadores de Morena que firmaron un texto que alguien escribió muy exaltado, y pues… así salió. Después de frases como: “El presidente Andrés Manuel López Obrador encarna a la nación, a la patria y al pueblo”. “El Presidente encabeza la nación, el pueblo y la patria”.

“Los enemigos no son solo opositores a los principios democráticos y populares que encabeza el Ejecutivo, sino opositores a México y a todas y todos los ciudadanos que buscan la justicia y la igualdad social”.

Cerraron el texto con la siguiente: “… por ende, los que se oponen al Presidente de México no son más que un puñado de mercenarios que al ver sus privilegios mancillados, luchan con todo su poder económico para que prevalezca el viejo régimen en el que podrían hacer sus negocios sucios en la oscuridad. Son ¡unos traidores a la nación, a la patria y al pueblo!”.

Salvo un detalle no menor que en su emoción desbordada no contempló ni el redactor del texto ni sus abajofirmantes. El Presidente lleva un tiempo ya dedicando buena parte de su tiempo a que sus proyectos y sus prioridades se terminen y funcionen antes de 2024.

El tren, el aeropuerto, lo del Istmo, la refinería… empujando el elefante, pues. Y el resto del tiempo promoviendo las tres reformas constitucionales que se propuso para esta segunda parte del sexenio.

Esas reformas, ni modo, así esto de la democracia, necesitan votos de quienes “se oponen al Presidente” como dice el texto; sí, de los traidores, del “puñado de mercenarios”.

Nunca me he dedicado a la política, pero de lo que he visto y leído me parece que el grito de traidores no es la mejor manera de comenzar una negociación que ya se veía complicada. Con gritos, con ese volumen, pues nadie se escucha.