Una invasión ordenada por Putin ha cobrado ya la vida de los primeros civiles en Ucrania. Todo es pequeño y trivial cuando se desata una guerra.

En ésas estaba mientras repasaba mis subrayados de la biografía de Simone de Beauvoir escrita por Kate Kirkpatrick. Y resulta que me encontré con aquella gran guerra. Ella amaba a dos hombres.

Eso pasa, a nadie debería asombrarle. Beauvoir perdió de pronto a sus dos hombres y tuvo ataques de pánico, las cartas no tenían respuesta, no sabía nada de sus amores en guerra. Entre el 23 de marzo y el 11 de julio de 1940 hay un silencio en la correspondencia.

Los alemanes habían invadido Holanda, Bélgica y Luxemburgo.

Bost, tal vez el amor de la vida de Beauvoir, fue trasladado a la frontera belga. El 12 de mayo de aquel año los alemanes se situaron en torno a la línea de Maginot, rodearon las divisiones francesas e iniciaron un ataque por aire y tierra. El 21 de mayo, Bost recibió una herida de metralla en el abdomen. La Cruz Roja lo recogió y le salvó la vida.

Sabemos que Sartre y Beauvoir sabían todo el uno de la otra, y al revés. En una carta él le dijo que la evacuación forzosa era la mejor noticia para Bost, cuyo regimiento quedó reducido a la nada.

El trabajo de Sartre consistía en mandar cartas y telegramas de la resistencia.

Cayó prisionero. En agosto fue trasladado a un campo, el Stalag XII D, cerca de Treveris. Las condiciones en ese campo, cuenta Kirkpatrick, no eran del todo malas.

Le permitían escribir dos postales a la semana. Leía Ser y tiempo, de Heidegger, y ocupaba los días en escribir su primera obra de teatro y en avanzar en El ser y la nada. Beauvoir caminaba por París bajo una lluvia de suásticas y entraba a la biblioteca para leer a Hegel. Las guerras provocan las cosas más extrañas.

En esos días ella decidió imprimir un epígrafe de Hegel a su novela: La invitada, la historia de dos adultos en amores apasionados con una joven alumna, el inicio de su vida en libertad mientras la guerra arrasaba con el mundo.

Un año después el padre de Beauvoir murió. Las últimas palabras que le dijo no fueron lo peor que oyó Simone. “Empezaste a ganarte la vida muy joven, Simone; tu hermana me costó mucho dinero”.