Repantigado en el mullido sillón del amplísimo estudio, Gil cavilaba: qué rareza estos apoyos incondicionales de Morena a un Presidente con una aprobación alta que, a la baja, llega al 60 por ciento.

Nadie lo toque ni con el pétalo de un periodista. Luego entonces Gilga piensa que algo muy profundo tocó la información de Mexicanos contra la Corrupción y la Impunidad y Latinus.

¿Y si hubiera tocado la simulación y la mentira? Sólo así puede entenderse la reacción histérica de los seguidores del Presidente y los militantes de Morena. Ahora mal sin bien: de que José Ramón vivió en una casotona en Houston, con la pena.

Vamos a olvidarnos de momento del conflicto de intereses y los contratistas de Pemex: el señor López Beltrán eligió vivir en Houston.

Muy su gusto, mientras aclare cómo, dónde y por qué. Pero rayos y centellas: ¿y la justa medianía juarista, y la austeridad, y los doscientos pesitos en la cartera, y las tarjetas de crédito que no sabemos usar? Todo ese discurso se fue por el caño.

Oh, sí. Por cierto, Gil considera que hablar de los hijos o las esposas de los personajes públicos a los cuales acaricia cada día es sobre todo un error periodístico y una vulgaridad, pero malas noticias, el Presidente ya los metió al pleito.

Ahora sabemos que cuando les daban el chupón, afuera de su casa había un coche que los vigilaba y los espiaba. Cosa extravagante: espiaban a un ex miembro, muy reciente, del Partido Revolucionario Institucional.

¿O ya se nos olvidó que Liópez fue priista? La memoria desportillada.  Me mandaron una carta Por el correo temprano, en esa carta me dicen que soy traidor a la Patria.

El desplegado de los gobernadores de Morena alarmó y avergonzó a Gilga; el oficio del Presidente pidiendo información al INAI para revelar la maldad de Loret de Mola, lo deprimió, pero el comunicado de los senadores de Morena en apoyo del Presidente lo puso fuera de sus casillas o sus casonas en Houston (mal chiste, de acuerdo).

Fuera de sus casonas. Comuníqueme con Jesús. Chucho, ¿qué te dijeron los senadores? Arreglado, señor. ¿Incluido Monreal? En primerísimo lugar, señor. El comunicado de los senadores es simplemente inconcebible, pero aceptemos que es concebible, existe.

Lean por piedad: “El grupo parlamentario de Morena en el Senado de la República, respalda incondicionalmente al presidente Andrés Manuel Li(ó)pez Obrador, a la 4T y a la reforma eléctrica”.

Ustedes dirán que Gamés quiere hacerla de tos, pero el autor (es un decir) de este tercio de la página del fondo no recuerda un comunicado así desde los años del priismo duro, e insiste: sí, Echeverría, pero sobre todo le traen a la mente loca de Gil aires diazordacistas.

Verdad del osito bimbo.  Aduladores Así empieza esta pieza política de los senadores de Morena: “El presidente Andrés Manuel L(i)ópez Obrador, encarna a la nación, a la patria y al pueblo. Los opositores al Presidente, por consiguiente, buscan detener los avances para darle al pueblo de México un futuro más digno.

Condenamos los constantes ataques en contra del Presidente de la República encabezados por los conservadores que perdieron sus privilegios”.

Gil hiperventiló, pero mantuvo la calma, algo que los seguidores del Presidente no saben hacer. Eso de que el Presidente encarna a la nación, la patria y al pueblo, suena muy mal, más allá incluso del priismo. El apoyo incondicional suena peor: obsecuentes, sumisos, inverecundos, o como se diga.

Ahora mal sin bien: cuáles son los terribles ataques en contra del Presidente: ¿la crítica? Con el perdón, pero si su hijo decidió vivir en Houston, no es un problema de sus críticos, sino de su hijo. Traidores Según los senadores de Morena, quienes no respalden al Presidente serán mercenarios y traidores a la patria.

Esto ya no le gustó a Gil. ¿Cómo tratarán a los críticos? El Presidente tiene aún una aprobación del 60%, ¿y el 40% que no lo aprueba? ¿Todos ellos son traidores a la patria? Lo que son las casas, perdón, las cosas, dos semanas negras y enloquecen. Definitivo: sólo alguien podrá oponerse a Liópez Obrador, el mismo Liópez Obrador.

Todo es muy raro, caracho, como diría Goethe: “Todo es más sencillo de lo que se puede pensar y a la vez más enrevesado de lo que se puede comprender”.