Contra los odios que se siembran desde el poder de los poderes, una amorosa Claudia Sheinbaum decretó ayer: “El conservadurismo, en realidad, tiene integrado el odio”, la 4T “está basada en el amor”.

Así lo escribió el presidente López Obrador en República amorosa y “a nosotros nos mueve el amor (…). El odio no construye, destruye, y el amor lo que hace es construir una nueva sociedad. Lo que nos mueve en este Día del Amor y la Amistad es justamente construir con base en el amor (…), porque no podríamos pensar en la igualdad, no podríamos pensar en la solidaridad, no podríamos pensar en el bienestar, si no estuviéramos pensando en el amor…”.

Un día antes, con franco desprecio a la veda electoral que les prohíbe hacer propaganda de la política social y las obras emblemáticas del régimen, ella y otros 17 amorosos gobernadores de Morena suscribieron una proclama de repudio a las que ven como “campañas de calumnia” contra el primer mandatario, impulsadas por “grupos económicos que perdieron privilegios y se oponen a una reforma eléctrica que beneficie a la nación y al pueblo de México”.

Pero ese tema se discutirá en el Congreso hasta después de junio, pasadas las elecciones de seis gubernaturas. Lo eléctrico es pésimo chistorete para disfrazar el verdadero motivo de su amoroso apoyo: la información y la secuela escandalosa sobre la casa que habitó el hijo primogénito de AMLO, el presidencial desquite que dejó expuesta la seguridad de Carlos Loret y su familia, y el masivo rechazo social a la violación de la Constitución y las leyes.

Aquí publiqué ayer que uno de los probables delitos cometidos en el ataque al periodista es Coalición de servidores públicos (artículo 216 del Código Penal Federal), en que también incurrirían el SAT y Hacienda de satisfacer ilegales peticiones del Presidente, pero ahora coligados en su oportunista respaldo a las transgresiones, los amorosos abajofirmantes del espaldarazo parecen ansiar que se les apunte en la lista.

Y ayer, López Obrador volteó el chirrión por el palito: arguyó que fue por “legítima defensa” que reveló aquellos presuntos ingresos de Loret. No se antoja casual esta coartada, sino deliberada vacuna contra eventuales demandas. Legítima defensa es concepto y figura jurídico-penal que justifica la comisión de un delito.

El CPF (fracción IV del artículo 15) dice que el crimen se excluye cuando se repela una agresión real, actual o inminente, y sin derecho, en protección de bienes jurídicos propios o ajenos, siempre que exista necesidad de la defensa y racionalidad de los medios empleados y no medie provocación dolosa suficiente e inmediata por parte del agredido o de la persona a quien se defiende. O sea: si se demuestra, tiene como efecto la “inexistencia” del delito y, en consecuencia, procede la no sanción.

Como es obvio, tal atenuante no aplica en el más avieso y bochornoso caso en que está metida la amorosa cuarta transformación.