Murió en el desierto en 2008, cuando cruzaba sin papeles a Estados Unidos. Encontraron sus restos en 2018, en una cueva. Hasta ahora la familia pudo repatriarlos.

Don Eliseo Cárdenas Zetina le dijo que ya no podía más a uno de los migrantes con los que iba caminando en el desierto de Arizona. “Voy a sentarme en una cueva a descansar y luego me voy a entregar a la migra”.

Aquello sucedió en 2008. Hoy es 12 de febrero de 2022 y Eliseo hijo y su hermana Belén están en su casa en Ciudad Juárez, recibiendo la pequeña urna con los restos de su padre. Las cenizas llegaron a las 07:30 horas, por avión. Los trajo César Ortigoza, el presidente de Armadillos, una organización mexicoamericana dedicada a rescatar migrantes perdidos en el desierto.

Ortigoza había prometido a los hermanos Cárdenas entregarles la urna personalmente, desde que él y su equipo encontraron los huesos de don Eliseo, en 2018.

Ortigoza cuenta en entrevista con MILENIO que una llamada anónima les avisó que los restos de un migrante estaban escondidos en una cueva.

Junto a los huesos, los Armadillos descubrieron unas botas, lentes y una credencial de elector. “Cárdenas Zetina, Eliseo”, se leía. Como es su costumbre, los Armadillos publicaron en sus redes sociales el video del descubrimiento. Poco después, Belén y Eliseo hijo se enteraron.

Don Eliseo decidió cruzar Estados Unidos en 2008. Un vecino suyo era ‘pollero’ y lo convenció para que lo intentara. Eliseo hijo esperaba a su padre en Jackson, Mississippi. Nunca llegó.

“Yo no estaba muy de acuerdo en que, por su condición física y la edad, que él cruzara, pero mi papá era un poquito… y decidió irse.” Don Eliseo tenía una úlcera crónica, pero fue la sed, el hambre y el cansancio de caminar por el desierto lo que vencieron a este campesino, forjado en las tierras de Veracruz y de Chihuahua.

“El pollero lo abandonó”, dice Ortigoza. “Que se haya resguardado en esa cueva provocó que la osamenta se conservará. Por eso el forense pudo sacar la muestra de ADN”.

Belén cuenta que el ‘pollero’ solamente se contactó una vez con ella.  “Se deslindó de toda responsabilidad, dijo que la patrulla fronteriza los había descubierto y que todos huyeron, que no supo más”.

Hace unos años, uno de los migrantes que acompañaban a don Eliseo y que sí logró cruzar a Estados Unidos, contactó a la familia para contar su versión.

Belén recuerda bien los detalles.  “Nos dijo que mi papá ya iba muy mal, que les dijo que no se preocuparan. Que si ya habían caminado tanto, que no perdieran esa oportunidad. Que él lo entendía porque también tenía una familia”. Don Eliseo murió a una hora de la carretera, donde probablemente la migra lo hubiera rescatado.

Diez años después, cuando Belén y su hermano Eliseo contactaron Ortigoza, comenzó una nueva travesía. Ahora con la cancillería mexicana. Idas y vueltas. Burocracia y malos tratos. Belén cuenta que, hasta inicios de 2021, estuvo batallando con la lenta maquinaria del estado mexicano que, según ella, no ayudaba.

Belén tuvo que pedir un préstamo bancario por 45 mil pesos para rastrear el acta de nacimiento perdida de su padre, pero no pudo conseguirla.

Las cosas mejoraron gracias a los Armadillos, quienes contactaron al Equipo Argentino de Antropología Forense y éste, a su vez, se comunicó con Belén. En seis meses lograron lo que las autoridades mexicanas no pudieron. O no quisieron. A Belén, a su hermano y a otra hermana les tomaron las pruebas pertinentes y, en septiembre de 2021, se determinó que el cuerpo encontrado era de don Eliseo.

Los trámites para repatriar los restos se agilizaron y, el 12 de febrero, el padre de los hermanos Cárdenas regresó a Ciudad Juárez. Porque los muertos siempre deben regresar a casa. Don Eliseo tendría 65 años.

Las cenizas de don Eliseo fueron colocadas en una pequeña urna de madera que sus hijos le mandaron a hacer. Será enterrado junto a la tumba de su esposa, quien murió recientemente. Belén sonríe.

Ha cerrado un difícil capítulo en su vida. “Nos regresaron a la cabeza de la familia, el señor que nos enseñó tanto”, platica.

“Como a veces le digo a mis hijos, un tiempo yo pensé que no me quería, porque estaba joven cuando se fue. Pero ahorita, si viera… ahorita me doy cuenta de cuánto nos quería porque nos enseñó a luchar”.