Uno supondría que la inteligencia, la formación escolar, el compromiso social y la experiencia política de Claudia Sheinbaum le servirían de repelente a la supina ignorancia que desparraman muchos de sus correligionarios.

Apantallante carrera: Licenciatura en Física por la Facultad de Ciencias de la UNAM (tesis Estudio termodinámico de una estufa doméstica de leña para uso rural), con maestría en Ingeniería Energética (Economía del uso eficiente de la energía eléctrica en la iluminación), doctorada en Ingeniería Ambiental (Tendencias y perspectivas de la energía residencial en México) en el Lawrence Berkeley Laboratory; egresada del Programa de Estudios Avanzados en Desarrollo Sustentable y Medio Ambiente del Centro de Estudios Demográficos, Urbanos y Ambientales y del Programa de Estudios Avanzados en Desarrollo Sustentable de El Colegio de México; miembro del Sistema Nacional de Investigadores, de la Academia Mexicana de Ciencias, e investigadora titular del Instituto de Ingeniería de la UNAM.

En 2007 se sumó al Grupo Intergubernamental de Expertos en Cambio Climático de la ONU en el tema de energía e industria (como autora por contribución para el tema Mitigación del cambio climático del Cuarto Informe de Evaluación), y el grupo en que participó fue galardonado con el Nobel de la Paz.

Su desempeño en el servicio público empezó hace 22 años en el primer círculo de Andrés Manuel López Obrador; fue titular de la ex delegación (hoy alcaldía) de Tlalpan y desde hace tres años encabeza el gobierno de la entidad más importante del país. Perfilada para la candidatura por la Presidencia en 2024, no sorprende que apoye a quien le debe tanto ni que prometa continuar el proyecto de la 4T.

Con méritos como la vacunación contra la peste y el combate a la inseguridad, empaña sin embargo su imagen suscribiendo patéticos, oportunistas y lambiscones manifiestos de innecesario apoyo al presidente López Obrador que avergonzarían a los porristas de las peores épocas del priato, como el firmado por otros 17 mandatarios plagado de ilegalidades y echado abajo por el INE.

Tanto le entusiasma la idea de ser ungida (es la “corcholata” mejor aquilatada por AMLO después del impresentable y majadero gobernador de Veracruz), que se sumó a las descalificaciones presidenciales a la UNAM (“Tengo mis propias críticas… Es una universidad de la nación y tiene que estar al servicio de la nación y del pueblo…”, disparó en el fragor del bombardeo). Ayer se lanzó contra el INAI: “Estoy de acuerdo con el President.

Me parece que es importante transparentar, particularmente en ciertos personajes, cuánto gana un reportero, una reportera… Hay quien dice que eso viola los datos personales, pero finalmente una persona que se dedica a difundir también es importante que pueda dar (se) la información y, si no tiene esas características, el INAI debería tener las atribuciones necesarias”. ¿Pero qué necesidad? Nada que valga realmente la pena gana sacrificando su respetabilidad intelectual.