Rusia es el país que más acumula armas nucleares junto a Estados Unidos, esto por producto de la Guerra Fría; sin embargo, su eventual uso aún es un enigma en medio del conflicto.

El presidente de Rusia, Vladímir Putin, ordenó el domingo poner en alerta sus fuerzas de disuasión nuclear, un arsenal que en conjunto contiene alrededor de la mitad de las armas atómicas que existen en el mundo actualmente.

La amenaza implícita de Putin de convertir la guerra de Ucrania en un conflicto nuclear de mayor magnitud coloca al presidente Joe Biden ante opciones rara vez contempladas en la era atómica, entre ellas si elevar el nivel de alerta de las fuerzas nucleares de Estados Unidos o no.

Este giro de los acontecimientos es aún más notable por el hecho de que, hace menos de un año, Putin y Biden emitieron una declaración en su cumbre de Ginebra que parecía más acorde con la idea de que la amenaza de una guerra atómica era una reliquia de la Guerra Fría.

“La guerra nuclear no puede ganarse y nunca debe librarse”, coincidieron. Sin embargo, estaba claro en qué sentido eso podría haber modificado el estatus de las fuerzas atómicas rusas, si es que lo hizo.

Rusia, al igual que Estados Unidos, mantiene sus misiles balísticos intercontinentales (ICBM) terrestres en un estado de alta disponibilidad en todo momento, y se cree que los misiles nucleares rusos ubicados en submarinos, al igual que los estadunidenses, están en una posición similar.

¿Que son las armas nucleares y cuántas posee cada país? Las armas nucleares son dispositivos explosivos que derivan su fuerza destructiva de reacciones nucleares, ya sea fisión —bomba de fisión— o una combinación de reacciones de fisión y fusión —bomba termonuclear—.

Ambos tipos de bombas liberan grandes cantidades de energía a partir de cantidades relativamente pequeñas de materia. Uno de estos dispositivos nucleares, no más grandes que una bomba convencional, pueden devastar una ciudad entera por explosión, fuego y radiación. Dado que son armas de destrucción masiva, la proliferación de armas nucleares es foco de la política en relaciones internacionales.

Rusia dispone actualmente de mil 625 cabezas nucleares desplegadas, a las que hay que sumar otras 2 mil 870 almacenadas y otras mil 760 de carácter estratégico, lo que suma un total de 6 mil 255 cabezas nucleares, de acuerdo con los últimos datos actualizados recogidos por el Instituto Internacional de Estocolmo para la Investigación de la Paz (SIPRI). Estados Unidos cuenta con mil 800 cabezas nucleares desplegadas y, en total, reúne 5 mil 550, según los datos del SIPRI.

Los otro países que cuentan con armamento nuclear son China (350), Francia (290), Reino Unido (225), Pakistán (165), India (156) e Israel (90), siempre según los datos de este instituto, que señala el potencial de Corea del Norte para construir entre 40 y 50 cabezas nucleares. Pese a que desde hace cuatro décadas Rusia empezó a disminuir el almacenamiento de armas nucleares tras los acuerdos alcanzados con Estados Unidos ya desde la época soviética, todavía conserva el mayor número de ojivas nucleares del mundo.

Los datos más recientes del Boletín de Científicos Atómicos indican que Rusia tiene mil 588 cabezas nucleares desplegadas en misiles balísticos y bases de bombarderos pesados, con otras 977 ojivas estratégicas y mil 912 ojivas no estratégicas en reserva. Parte del arsenal que posee Rusia estaba situado precisamente en Ucrania, pero tras la desaparición de la Unión Soviética y la constitución de Ucrania como república independiente, este país renunció a las armas nucleares y las entregó a Rusia con la contrapartida de garantizarse su independencia y su integridad territorial.

El 1 de marzo de 2018, Putin presentó el misil balístico Sarmat con “alcance prácticamente ilimitado” y que, según dijo, convertía en “inútil” el escudo antimisiles de Estados Unidos. Unos meses después presentaba otro misil, el hipersónico Avangard, también capaz de superar el escudo antimisiles estadunidense y, según el presidente ruso, los sistemas de defensa antimisiles que se desarrollen en el futuro.

El Avangard puede alcanzar las más densas capas de la atmósfera y superar en 20 veces la velocidad del sonido, lo que le permite llegar a territorio de Estados Unidos en 15 minutos. En febrero de 2021 Rusia y Estados Unidos prorrogaron por cinco años el último tratado de desarme nuclear vigente entre ambas potencias, el Nuevo START, que había sido firmado en 2010, que incluyó un sistema de inspección de los arsenales, redujo en un 30 por ciento el número de cabezas nucleares, hasta mil 550 por país. Además, limitó a 700 el número de misiles balísticos intercontinentales, el de los desplegados en submarinos y bombarderos estratégicos equipados para armamento nuclear.

También redujo a 800 el de lanzaderas para misiles intercontinentales, lanzaderas submarinas para misiles balísticos y bombarderos estratégicos equipados para armamento nuclear, estén desplegados o no.

¿Hay riesgo de una guerra nuclear? Aunque los funcionarios estadunidenses se mostraron preocupados por las palabras de Putin, indicaron desconocer qué pretende.

Pero es tan raro que un gobernante estadunidense o ruso emita una amenaza nuclear implícita, sobre todo en el contexto actual de la guerra en Ucrania, que no se puede descartar el riesgo de que sí adquiera un cariz atómico.

En Rusia, al igual que en Estados Unidos, el presidente es el único con autoridad para ordenar un ataque nuclear. Washington y Moscú tienen los dos arsenales nucleares más grandes del mundo, por mucho. Estos incluyen armas que pueden ser lanzadas desde aviones y submarinos, así como misiles balísticos terrestres. La única vez en la historia que se han utilizado armas atómicas en combate fue cuando Estados Unidos bombardeó dos veces Japón en agosto de 1945, y en ese momento Washington tenía el monopolio mundial de las armas nucleares.

La Unión Soviética probó con éxito su primera bomba atómica en 1949. El director ejecutivo de la Asociación de Control de Armas, Daryl Kimball, dijo que la instrucción de Putin de poner sus fuerzas nucleares en mayor alerta era lamentable, pero no totalmente sorpresiva, dadas sus anteriores amenazas implícitas contra cualquier nación que intentara detenerlo en Ucrania.

“Introducir armas nucleares a la ecuación de la guerra de Ucrania en este momento es extremadamente peligroso, y Estados Unidos, el presidente Biden y la OTAN deben actuar con extrema moderación” y no responder del mismo modo, dijo Kimball a la agencia AP.

“Este es un momento muy peligroso en esta crisis, y tenemos que exhortar a nuestros líderes a que se alejen del precipicio nuclear”. Según la doctrina nuclear de Estados Unidos, el nivel de alerta de las armas es fundamental para el papel que desempeñan en la disuasión de los ataques.

La idea es que estar preparado para responder con poco tiempo de anticipación hace menos probable que un enemigo ataque en primer lugar y se arriesgue a recibir represalias que causarían un daño incalculable.

Un argumento en contra es que tener los ICBM —que el Pentágono considera la parte más sensible de su arsenal nuclear— en alerta elevada durante una crisis comprime el margen de decisión de un presidente y deja abierta la posibilidad de ordenar su lanzamiento en respuesta a una falsa alarma. Los 400 ICBM estadunidenses desplegados permanecen armados, listos para dispararse en todo momento.

Algunos expertos en control de armas han abogado por retirar los ICBM de la alerta máxima al separar los misiles de sus ojivas nucleares. Pero en una crisis, tal vez como la implicada por la orden de alerta emitida por Putin el domingo, una decisión de rearmar los misiles sería interpretada como una medida que intensificaría la tensión y podría empeorar la crisis.

Durante la Guerra Fría, las armas estadunidenses y rusas no sólo eran más numerosas, sino que también estaban en un mayor estado de presteza. En 1991, el presidente George H.W. Bush dio el paso histórico de retirar del nivel de alerta a los bombarderos estratégicos con capacidad nuclear como parte de una medida más amplia para revertir la carrera armamentística nuclear. Desde entonces, los bombarderos han permanecido fuera de alerta.

¿Cómo fue la reacción de Estados Unidos a la amenaza de Putin? No hay evidencia de que el gobierno de Biden haya correspondido en algún sentido al anuncio de Putin de que le ordenó a sus fuerzas nucleares ponerse en “régimen especial de servicio de combate”, quizás en parte porque no estaba claro qué significa eso en términos prácticos.

Washington tampoco dijo nada de tener evidencia de que Putin hubiera tomado medidas preocupantes, como cargar armas nucleares en toda o parte de la flota aérea con capacidad nuclear de Rusia, o enviar más submarinos con misiles balísticos al mar.

Además de su fuerza nuclear estratégica, Putin tiene al menos dos mil de las llamadas armas atómicas no estratégicas.

Se les llama no estratégicas porque no pueden alcanzar el territorio de Estados Unidos, pero esto es poco consuelo para los países de Europa que están dentro del rango de esas armas. Washington tiene unas 200 armas no estratégicas en Europa; son bombas que se lanzarían desde aviones ubicados en ese continente.

Durante años, a algunos funcionarios estadounidenses les ha preocupado la posibilidad de que Putin, ante la perspectiva de perder una guerra en Europa, pudiera recurrir al uso de armas nucleares no estratégicas, pensando que así pondría fin rápidamente al conflicto bajo sus términos.