Javier Don Lucas es uno de los más de 200 residentes mexicanos en Ucrania que vive la incertidumbre en medio de los ataques encaminados por el ejército ruso de Vladimir Putin

Después de acostumbrarse a vivir en constante tensión e incertidumbre desde 2014, cuando las relaciones entre Ucrania y Rusia acentuaron sus discrepancias, la invasión del ejército comandado por Vladimir Putin transfiguró el desasosiego de la comunidad mexicana en un afán constante por alejarse de la zona del conflicto. Javier Don Lucas Pelayo es uno de los más de 200 connacionales que han experimentado en carne propia los ataques, así como la desesperación por abandonar el país que lo ha acogido en los últimos años.

Licenciado en música, Don Lucas Pelayo estableció su residencia en L’viv, una ciudad ubicada en Leópolis, cerca de la frontera Oeste al interior de Ucrania, hace cinco años. El lugar aún no ha sido alcanzado por los ataques del ejército ruso. Sin embargo, un viaje obligado a la capital Kiev fue suficiente para que el originario de Ciudad Juárez, Chihuahua fuera un testigo más de los ataques armados.

Durante una entrevista para el medio Foro TV, Javier Don Lucas contó la travesía que vivió para volver a su hogar desde la capital ucraniana. Según contó, acudió a la embajada mexicana, ubicada en el primer cuadro de la ciudad de Kiev, para poner en regla algunos documentos de su hijo. Apenas unos minutos después de haber bajado del tren escuchó las primeras explosiones.

En medio de la movilización, él y su familia solucionaron el trámite burocrático y fueron acogidos por la familia de otro mexicano con residencia en Kiev. Sin embargo, su estancia en la capital generó un constante sentido de alerta para sobrevivir a los bombardeos. Y es que según declaró en el espacio “Rusia sí está atacando civiles”.

“Las personas corren o se esconden. Ayer tuvimos que bajar a escondernos 100 metros bajo tierra porque estaban bombardeando y estábamos en el metro. Bajamos como cuatro veces por lo mismo. Bajamos a la estación de tren cuando empezaron a sonar las alarmas y más de mil personas se aglomeraron en las puertas con desesperación para intentar ingresar”, contó.

La incógnita se convirtió en cómo volver a L’viv de la manera más segura posible. Al ser el centro político de Ucrania, el ejército ruso tiene como objetivo principal la ocupación de Kiev, una acción que, a pesar de los esfuerzos del presidente Volodímir Zelenski por armar a la ciudadanía, parece inminente. Antes del estallido del combate, Don Lucas, su familia y la del mexicano que le brindó techo durante su estancia, lograron partir hacia Leópolis por tren.

En la estación, cientos de personas buscaron abordar el mismo transporte que él, es decir, el último tren con la ruta Kiev-Leópolis. “Estaban diciendo que solo podían subir al tren mujeres y niños, pero en el caso de que tengas tu ticket sí te respetan aunque seas extranjero. A nosotros nos respetaron, pero aventaron a mi esposa, casi se cae a las vías del tren y la tuve que rescatar. Fue un milagro, pero fue por nuestra decisión, no por esperar a la embajada porque hasta ahorita no hay respuesta”, condenó.

Don Lucas logró llegar a su ciudad de estadía después de un viaje de casi 18 horas a través de una ruta que, en condiciones normales puede ser recorrida en un tercio de dicho tiempo. Aunque el grupo con el que se encuentra está a salvo en Leópolis, es consciente de que la calma puede no extenderse por mucho. “Es tiempo de tomar decisiones”, dijo, pues aunque han optado por volver a México, el dilema es esperar una respuesta de la embajada o salir por sus propios medios.

“Yo ahorita estoy enojado, pero en este caso no tenemos derecho de flaquear porque traigo a mi hijo y vamos a ir adelante hasta salir de esto (…) No estoy en contra de nadie, pero cuando se tienen que tomar decisiones no podemos estar esperando a que amanezca en México para que digan que sí o no. Hay que ponernos bien las pilas y ser decisivo y líder para irte”, aseguró